PROCESO CONSTITUYENTE EN CHILE: El manifiesto por el progreso social: ideas para la Constitución.

22 de Diciembre, 2020


«En las protestas del estallido social en Chile hubo un gran clamor por dignidad (…). La dignidad no está referida sólo a reducir la desigualdad de recursos, sino también a cosas que tienen que ver con compartir estatus, poder e igualdad en relaciones sociales; con hacer sentir que todo el mundo está incluido y con construir mecanismos participativos para la toma de decisiones, para dar a todo el mundo la sensación de control de su vida», enfatizó Marc Fleurbaey como parte de las reflexiones clave a la hora de establecer un nuevo contrato social, en línea con el trabajo desarrollado en el libro Un manifiesto para el progreso social. Ideas para una sociedad mejor (2018) del IPSP, publicado por la Cambridge University Press y tradicido a siete idiomas.

Fleurbaey ­-profesor de la Paris School of Economics, director de investigación del Conseil National de la Recherche Scientifique y miembro del directorio del International Panel on Social Progress (IPSP)-, expuso en el webinar «Proceso Constituyente en Chile. El manifiesto por el progreso social: ideas para la Constitución», organizado por las facultades de Economía y Negocios y de Derecho de la Universidad de Chile, a través programa Lexen.

En una ponencia conjunta con Olivier Bouin, miembro del directorio del European Alliance for Social Sciences and Humanities y también miembro del IPSP, explicaron los alcances y conclusiones del trabajo que desarrollaron colaborativamente más de 300 expertos de distintas disciplinas durante cuatro años para revisar opciones de cambio social a largo plazo, explorar desafíos y proponer formas de mejorar las principales instituciones de las sociedades modernas.

Bouin destacó que en los últimos 50 años se han visto muchos cambios positivos alrededor del mundo y a la vez el surgimiento de desafíos que plantean amenazas a la cohesión social y al progreso social, y que se centraron en tres:

  • Las desigualdades, que han aumentado más al interior de los países que entre países; donde ha habido un impacto adverso de las tecnologías en la brecha de las clases sociales.
  • La degradación ambiental, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el incremento en la contaminación del aire, lo que implica un desafío muy importante para la sociedad a nivel local, nacional y mundial.
  • Una crisis de gobernabilidad, con desconfianza en las instituciones públicas y perturbaciones de la democracia en el mundo. Mencionó que hay un resurgimiento del populismo en muchos países.

Pero a su juicio lo más importante es que por primera vez que hay que lidiar con los tres desafíos al mismo tiempo, conjunción exacerbada por la Covid-19, que ha empeorado las desigualdades y en algunos casos ha derivado en crisis de gobernabilidad.

En su trabajo han intentado demostrar que estos tres desafíos principales (desigualdades, cambio climático, perturbaciones en las instituciones) están interrelacionados; por tanto, el debate y las políticas no pueden concentrarse en las desigualdades sin abordar la degradación ambiental ni las perturbaciones de instituciones públicas; como tampoco pueden enfrentar el cambio climático sin mirar los impactos de las políticas para combatir la degradación ambiental sobre las desigualdades y las dinámicas de las instituciones públicas.

Advirtió que, si bien sus investigaciones han apuntado a identificar soluciones, no se trata necesariamente de esperar el surgimiento de recetas revolucionarias, sino de buscar las que ya se han probado en distintas partes y que podrían ayudar a resolver algunos de estos desafíos. También hizo hincapié en que no hay una solución en particular, pues hay muchas opciones. Y apuntó a que la dinámica del cambio depende de quiénes serán los actores de este cambio: «En el caso de Chile, nos dimos cuenta de que hay una coalición de actores que debería trabajar en conjunto para hacer que estas cosas pasen».

Mark Fleurbaey reiteró que no se puede desestimar ninguno de estos tres desafíos principales que la sociedad está enfrentando en este histórico cruce de caminos; que hay que lidiar con ellos de manera integral, «como de cierta manera lo están comenzando a hacer en Chile con la Constitución, que atacará el desafío de la gobernanza».

Agregó que Chile viene de una economía muy orientada al mercado, por lo que debería preguntarse si esta es compatible con promover la dignidad en las dimensiones de recursos, inclusión y control: «Nuestro trabajo sugiere que sí, que la economía de mercado es algo con lo que tenemos que trabajar; pero necesitamos domar al mercado para que trabaje para el progreso social y el bienestar de los seres humanos. Eso quiere decir que debemos tener salvaguardias de justicia en la economía de mercado y no solo en recursos, sino en inclusión para evitar la discriminación, para compartir el poder en la economía también. Además, tenemos que asegurarnos de que las empresas se comporten responsablemente respecto de su impacto social y medioambiental».

 

Del Estado de bienestar al Estado «emancipatorio»

El experto consignó que las transformaciones clave se relacionan con tres instituciones nucleares: el Estado de bienestar; el capitalismo y la economía de mercado; y las instituciones políticas. Planteó que respecto del Estado de bienestar cabría cambiar tanto su función como su etiqueta: «Debería volverse algo que no sólo protege a las personas, sino que las libera, debiera volverse un Estado “emancipatorio”».

La idea de estos académicos es movilizar tres filosofías del Estado de bienestar: el tradicional Estado de bienestar, que apunta a rescatar a los perdedores de la competencia del mercado por medio de impuestos y mecanismos redistributivos; el que prepara a las personas para su rol en la economía de mercado y para la competencia, lo que tiene que ver con inversión en capital humano (educación, salud); y El Estado en una dimensión de rediseñador de las reglas del juego para que la economía de mercado no sea tan dura con las personas, haciéndola más justa y responsable, como también para terminar con el patriarcado en los círculos familiares.

A lo anterior agregó que las reglas universales para organizar las relaciones entre el Estado y los ciudadanos son mucho mejores que las medidas específicas, en términos de inclusión; así es que son mejores también para construir confianzas en las instituciones y en el compromiso político, porque todo el mundo se beneficia por igual.

Respecto de las reformas al capitalismo, aseveró que más clave que el mercado para hacerlo más justo son los holdings empresariales: «La mayoría de las actividades económicas se hacen en empresas y es allí donde se construye la economía». Además, enfatizó en que el estatus social de las personas no solamente depende del ingreso, sino de posición profesional y de las relaciones que consiguen en su trabajo, así es que reformar el lugar de trabajo es esencial y eso requiere reformar a las corporaciones de tres maneras: que la misión de las empresas no solo se enfoque en generar valor para los accionistas, sino también valor para sus stakeholders y también en su impacto sobre el medio ambiente. Para lo cual también tiene que cambiar la gobernanza corporativa, a fin de hacerlas más responsables y participativas.

Las exposiciones fueron comentadas por Guillermo Larraín, profesor asociado de la FEN de la Universidad de Chile y codirector del programa Lexen, exsuperintendente de AFP y de Valores y Seguros. Moderaron Ximena Clark, directora ejecutiva del decanato de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile y exdirectora del Instituto Nacional de Estadísticas (INE); y Diego Pardow, profesor del Departamento de Derecho Económico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Pueden revisar el detalle de las intervenciones y las preguntas de los asistentes en el video a continuación.